7. La memoria

La memoria [1] es una de las capacidades mentales más importantes que posee el ser humano. Casi todas las decisiones que se adoptan a lo largo del día se basan en algún tipo de memoria. Incluso las personas que carecen de inputs sensoriales básicos, como la vista o el oído (como fue el caso de Helen Keller [2]) pueden disfrutar de una vida plena. En cambio, como se puede comprobar al observar a una persona que padece la enfermedad de Alzheimer, aunque se posea un input sensorial normal, la falta de memoria ocasiona innumerables limitaciones.

1. Tres distinciones importantes

Los psicólogos de hoy en día establecen tres distincio­nes fundamentales en la memoria. La primera se re­fiere a las tres fases de la memoria: codificación, al­macenamiento y recuperación. La segunda trata de dos memorias diferentes para almacenar información durante periodos largos o cortos. La tercera se refiere a las distintas memorias utilizadas para almacenar diversos tipos de información (por ejemplo, un sistema para hechos y otro para habilidades). Para cada una de estas distinciones hay pruebas de que las entidades identificadas están mediadas en parte por diferentes estruc­turas cerebrales.

a) Codificación, almacenamiento y recuperación

Supongamos por un momento que te presentan a una nueva compañera y le dicen que se llama Laura Sacristán. Esa misma tarde, vuelves a verla y le dices algo así como, “Tú eres Laura Sacristán ¿verdad? Nos co­nocimos esta mañana”. Evidentemente, has recordado su nombre. ¿Pero cómo lo has hecho exactamente?

Esta proeza de la memoria puede dividirse en tres etapas. Primero, durante la pre­sentación, el nombre de Laura Sacristán se introdu­ce de alguna manera en la memoria. Ésta es la fase de codificación, cuando la información ambiental se traslada al interior y se almacena como una entidad can significado. En otras palabras, se transforma un input físico (ondas sonoras), que se corresponde con un nombre hablado, en un tipo de código o represen­tación aceptado por la memoria, y luego esta repre­sentación se “coloca” en la memoria. Al mismo tiem­po, otro input físico (el patrón de luz correspondiente a su cara) se transforma en un recuerdo de su rostro, y ambas representaciones se conectan. Segundo, se re­tiene –o almacena– la información correspondiente a su nombre y a su rostro durante el tiempo transcu­rrido entre los dos encuentros. Se trata de la fase de al­macenamiento, en la que la información almacenada se conserva en el tiempo. Tercero, basándose en la re­presentación almacenada de su rostro, se reconoce por la tarde a Bárbara como la persona vista por la maña­na y, al reconocerla, se recupera el nombre de la me­moria. Ésta es la fase de recuperación, cuando se in­tenta extraer de la memoria información previamente codificada y almacenada.

La memoria puede fallar en cualquiera de estas etapas. El no haber podido recuperar el nombre de Laura en el segundo encuentro podría reflejar un fallo en la codificación (no se almacenó correctamen­te la imagen de su rostro, para empezar), en el alma­cenamiento (el nombre se perdió en algún lugar del proceso), o en la recuperación (no se asoció el nombre al rostro para recuperar uno a partir del otro). Gran parte de las investigaciones actuales sobre la memoria intenta especificar las operaciones mentales que tienen lugar en cada una de las tres fases de la memoria, así como explicar los fallos de estas operaciones y, por lo tanto, de la memoria.

b) Memoria sensorial, memoria a corto plazo y memoria a largo plazo

Las tres fases de la memoria no operan de la misma manera en todas las situaciones. Los procesos de me­moria se diferencian en situaciones en las que es nece­sario almacenar material (1) durante menos de un se­gundo, (2) durante unos cuantos segundos, y (3) por periodos más largos que van desde minutos hasta años.

Las bases para la distinción entre las memorias correspondientes a los distintos intervalos de son las siguientes:

  1. La información procedente del entorno se sitúa primeramente en lo que se denomina almacenamiento sensorial, que tiene tres características principales. En primer lugar, el almace­namiento sensorial contiene toda la información del ambiente capturada por los órganos de los sentidos. En segundo lugar, el almacenamiento sensorial es transitorio. Esto significa que la información de este almacenamiento va disminuyendo con el paso del tiempo, desde unas décimas de segundo (para el al­macenamiento sensorial visual) a unos cuantos segun­dos (para el almacenamiento sensorial auditivo). En tercer lugar, la pequeña parte de información de este almacenamiento que recibe atención se transfiere al segundo componente esencial del sistema: el almacenamiento a corto plazo.
  2. El almacenamiento a corto plazo es, como su pro­pio nombre indica, el siguiente depósito de informa­ción en el que se coloca la información del almacena­miento sensorial que ha sido seleccionada. Presenta cinco características principales. Primero, puede iden­tificarse a grandes rasgos con la conciencia; esto es, la información almacenada en la memoria a corto plazo es de la que el individuo es consciente. Segundo, esta información es fácilmente accesible. Constituye la base de la toma de decisiones o de la realización de una ta­rea en cuestión de segundos. Tercero, manteniéndose todo lo demás constante, la información de la memo­ria a corto plazo se perderá (se olvidará) en unos 20 segundos aproximadamente. Cuarto, puede evitarse esta pérdida de información repitiéndola: la repetición significa volver una y otra vez sobre la misma infor­mación. Quinto, esta información puede sufrir otros tipos de procesamiento, colectiva­mente conocidos como elaboración (por ejemplo, ser transformada en una imagen visual adecuada), cuando se la transfiere desde la memoria a corto plazo al tercer depósito de información: la memoria a largo plazo.
  3. El almacenamiento a largo plazo es el mayor de­pósito de información que se conserva con todos los datos que normalmente están disponibles. El almace­namiento a largo plazo tiene tres características funda­mentales. En primer lugar, la información se introduce a través de varios tipos de procesos de elaboración des­de la memoria a corto plazo. En segundo, hasta donde se ha descubierto, el tamaño de la memoria a largo plazo es ilimitado. En tercero, la información se ad­quiere de este almacenamiento a largo plazo a través del proceso de recuperación y se vuelve a situar en la memoria a corto plazo, donde se puede manipular y utilizar para desempeñar la tarea del momento.

c) Memoria explícita y memoria implícita

Hasta hace casi dos décadas, los psicólogos asumían que se utilizaba el mismo sistema de memoria para to­dos los tipos de recuerdos. Así, presumiblemente se empleaba la misma memoria a largo plazo para almacenar tanto el recuerdo del funeral de una abuela como las habilidades necesarias para montar en bici­cleta. Pruebas recientes indican que este supuesto es erróneo. De hecho, parece que el ser humano utiliza una memoria a largo plazo distinta para almacenar hechos (quién es el actual presidente) que para retener habilidades (montar en bicicleta).

El tipo de situación de memoria que se compren­de mejor, la memoria explícita, es aquella en la que una persona recuerda algo conscientemente como un hecho que ocurre en un lugar y en un momento deter­minado. Por el contrario, la memoria implícita es aquella en la que una persona recuerda inconsciente­mente información de varios tipos, como por ejemplo, la información necesaria para llevar a cabo una acción física como lanzar un balón.

2. Memoria de trabajo

Como se vio anteriormente, la memoria sensorial con­tiene una enorme cantidad de información que se pier­de rápidamente. Sólo la información a la que se le presta atención se transfiere de la memoria sensorial al siguiente almacenamiento que dimos en llamar memoria a corto plazo. A este tipo de almacenamiento también se le suele denominar memoria de trabajo.

a) Codificación y atención

La memoria de trabajo sólo codifica aquella infor­mación que ha recibido atención. Puesto que el ser humano es selectivo a la hora de prestar atención, la memoria de trabajo sólo contendrá lo que ha sido seleccionado. Esto significa que muchos de los elementos a los que el ser humano es­tá expuesto jamás entrarán en su memoria de traba­jo y, por lo tanto, no estarán disponibles para su pos­terior recuperación. De hecho, muchos «problemas de memoria» son en realidad lapsus de atención. Por ejemplo, si compra algo de comida y alguien le pre­gunta de qué color eran los ojos del dependiente, es posible que no sepa contestar, no porque le falle la memoria, sino porque sencillamente no le prestó atención.

b) Tipos de codificación: fonológica, visual o semántica

Cuando la infor­mación se codifica en la memoria, se introduce en for­ma de un código o representación concreta. Por ejem­plo, cuando retiene un número de teléfono hasta que lo marca, ¿de qué forma representa los dígitos? ¿Es la representación un código visual, una imagen mental de los dígitos? ¿Se trata de un código fonológico, es decir, el sonido de los nombres de los números? ¿O es un código semántico basado en una asociación lógica que tienen los dígitos entre sí? Los estudios indican que un sujeto puede usar cualquiera de estas posibili­dades para codificar la información en la memoria de trabajo, aunque el código fonológico prime sobre to­dos los demás cuando se intenta mantener una infor­mación activa, repitiendo un elemento una y otra vez. La repetición es una estrategia muy utilizada cuando la información consiste en elementos verbales como cifras, letras o palabras. Por lo tanto, al recordar un número de teléfono, lo más probable es que se codifi­que en los sonidos de los nombres de las cifras y que se repitan estos sonidos hasta que se haya marcado el número.

c) Almacenamiento

Tal vez, lo más curioso de la memoria de trabajo es que su capacidad es muy limitada. Como promedio, se limita a siete elementos, con una variación de dos elementos más o menos (7 ± 2). Algunas personas lle­gan a retener sólo cinco; otros, retienen hasta nueve. Podría parecer extraño dar un número tan exacto para hablar de todas las personas, sobre todo cuando está claro que hay grandes diferencias en la capacidad de memoria de los individuos. Estas diferencias, sin embargo, se deben principalmente a la memoria a lar­go plazo. Para la memoria de trabajo, la mayoría de los adultos normales tienen una capacidad de 7 ± 2. Esta constante se conoce desde los primeros tiempos de la psicología experimental. Hermann Ebbinghaus, que comenzó el estudio experimental de la memoria en 1885, publicó resultados que afirmaban que su propio límite era de siete elementos. Casi setenta años después, George Miller (1956) se sorprendió tanto de la consistencia de este descubrimiento que se refirió a él como el «mágico número siete», y ahora ya se sabe que este número es válido en todas las culturas (occi­dentales y orientales).

d) Memoria de trabajo y pensamiento

Cuando un sujeto intenta resolver un problema conscientemente, utiliza normalmente la memoria de trabajo para almacenar partes del proble­ma, así como información a la que se ha accedido des­de la memoria a largo plazo y que es relevante para la resolución del planteamiento. ¿Qué ocurre cuando una persona multiplica mentalmente 35 x 8? La memoria de trabajo es indispensable para almacenar los números dados (35 y 8), la naturaleza de la operación solicitada (multiplicación), y los hechos aritméticos como 8 x 5 = 40 y 8 x 3 = 24.

La memoria de trabajo también es crucial para pro­cesos lingüísticos como seguir una conversación o leer un texto. Cuando se intenta comprender un texto leído, es necesario relacionar nuevas frases con el material que ha aparecido anteriormente. Parece ser que esta cone­xión entre los datos nuevos y los antiguos ocurre en la memoria de trabajo porque las personas que tienen una mayor memoria de trabajo obtienen puntuaciones más altas en los test de comprensión lectora.

e) Transferencia de la memoria de trabajo a la memoria de largo plazo

Por lo visto hasta el momento, la memoria de trabajo cumple dos funciones primordiales. Almacena el ma­terial necesario durante periodos cortos de tiempo y sirve como espacio de trabajo para los cálculos men­tales. Otra posible función es la de actuar como esta­ción de paso hacia la memoria a largo plazo. Esto es, la información puede conservarse en la memoria de trabajo mientras está siendo codificada o transferida a la memoria a largo plazo

3. Memoria a largo plazo

a) Codificación

Para el mate­rial verbal, la representación dominante de la memo­ria a largo plazo no es acústica ni visual. En realidad, se basa en el significado de los elementos. Codificar los elementos de acuerdo con su significado se da in­cluso cuando dichos elementos son palabras aisladas, aunque resulta más evidente cuando se trata de frases. Varios minutos después de oír una frase, la mayoría de lo que se recuerda o reconoce es el significado de la frase.

La codificación del significado se utiliza en la vida diaria. Cuando las personas opinan sobre situaciones sociales o políticas complejas, pueden equivocar mu­chos de los detalles (quién dijo qué a quién, cuándo se dijo, quién más estaba allí) y sin embargo, pueden des­cribir perfectamente la situación básica. La forma habitual de expresar algo que hemos aprendido en un examen no suele ser reproduciendo exactamente palabra por palabra lo que se ha leído en el libro sino más bien recreando el significado básico con palabras diferentes, alteraciones del orden y modificación de la información.

A menudo, los elementos que hay que recordar tienen significado, pero las conexiones entre ellos no. En estos casos, la memoria puede mejorarse creando vínculos reales o artificiales entre los elementos. Por ejemplo, las perso­nas que aprenden a leer música deben recordar que las líneas del pentagrama se denominan EGBDE A pesar de que los símbolos tienen su propio significado (se re­fieren a las notas de un teclado), el orden parece arbi­trario. Lo que muchos alumnos hacen es convertir esos símbolos en una frase (Every Good Boy Does Fine), en la que la primera letra de cada palabra designa los dis­tintos símbolos, y la relación entre las palabras de la frase proporciona conexiones con significado entre los símbolos. Estas conexiones ayudan a la memoria por­que proporcionan vías de recuperación entre las pa­labras. Una vez recuperada una de las palabras («Good», por ejemplo), hay una vía o conexión a otra («Boy»), la siguiente palabra que ha de ser recordada. [Podríamos pensar algún “recurso mnemotécnico” [3] similar en castellano o catalán]

Una de las mejores formas de establecer conexio­nes es trabajar sobre el significado del material mien­tras se codifica. Cuanto más profunda y elaborada sea la codificación del significado, mejor será la memoria resultante. Si se tiene que re­cordar una teoría expuesta en un libro de texto, se re­cordará mejor si el sujeto se concentra en el significado en vez de en las palabras exactas. Y cuanto más concienzudamente se entienda en el significado, más fácilmente se recordará.

Aunque el significado sea la forma dominante de representar el material verbal en la memoria a largo plazo, a veces también se codifican otros aspectos. Por ejemplo, es posible memorizar poemas y recitarlos pa­labra por palabra. En esos casos, se ha codificado no sólo el significado del poema sino también las palabras exactas que lo componen. Asimismo, se puede usar un código fonológico en la memoria a largo plazo. Cuan­do se recibe una llamada y el interlocutor dice, «Hola», a menudo se reconoce la voz. En esta ocasión, posible­mente se haya codificado la voz de esa persona en la memoria a largo plazo. Las impresiones visuales, los sa­bores y olores también están codificados en la memoria a largo plazo. En general, la memoria a largo plazo tie­ne un código preferente para el material verbal (es de­cir, el significado), pero también utiliza otros códigos.

b) Recuperación

Muchos casos de olvido de la memoria a largo plazo son el resultado de la pérdida de acceso a la informa­ción y no de la pérdida de la información en sí misma. Una mala memoria normalmente refleja un fallo de re­cuperación en lugar de un fallo de almacenamiento. (Observe que es distinto de la memoria de trabajo, en la que el olvido se debe a la desaparición progresiva o al desplazamiento, y se considera que la recuperación está libre de errores.) Intentar recuperar un elemento de la memoria a largo plazo es como buscar un libro en una gran biblioteca. El que no se encuentre el libro no quie­re decir que no esté allí. Puede que se esté buscando en un lugar equivocado, o que el libro esté mal colocado.

La ex­periencia diaria ofrece innumerables pruebas de los fallos en la recuperación. En algún momento, a todo el mundo le ocurre que no ha sido capaz de recordar un hecho o experiencia, sólo para recordarlo más tar­de. ¿Cuántas veces, en un examen, no ha podido re­cordar un nombre, y lo ha recordado de repente más tarde? Otro ejemplo es el tener algo “en la punta de la lengua”. En este caso, una palabra concreta o nombre se escapa hábilmente a la capacidad de recuperación. Esta situación puede resul­tar un verdadero tormento hasta que una exhaustiva búsqueda de la memoria (rebuscar y luego descartar palabras que están cercanas pero que no son del todo correctas) encuentra la palabra correcta.

Un ejemplo característico del fallo en la recupera­ción es el de una persona que haciendo psicoterapia recupera algo que había olvidado. Aunque faltan pruebas definitivas de estos hechos, la evidencia su­giere que los recuerdos olvidados no se han perdido, sino que son difíciles de encontrar.

c) Interacciones entre la codificación y la recuperación

Al describir la fase de codificación, se destacó que las operaciones llevadas a cabo durante la codificación, como es la elaboración, facilitan la recuperación. No obstante, existen también otros dos factores de la co­dificación que aumentan las probabilidades de una buena recuperación: (1) organizar la información en el momento de la codificación y (2) asegurarse de que el contexto dentro del cual se codifica la información es similar a aquel en el que se recuperará.

ORGANIZACIÓN

Cuanto más se organiza el mate­rial que se codifica, más fácil resulta recuperarlo. Su­ponga que está en una conferencia en la que conoce a varios profesionales: médicos, abogados, periodistas. Cuando intenta recordar sus nombres más tarde, lo hará mejor si comienza organizando la información por profesiones. Luego puede preguntarse quiénes fueron los médicos que conoció y quiénes los aboga­dos, etc. Es inmensamente más fácil recordar una lis­ta de nombres o palabras cuando la información se codifica en categorías y luego se recupera categoría por categoría

CONTEXTO          

Para un sujeto, es mucho más sencillo recordar un hecho o episodio en particular si se en­cuentra en el mismo contexto en el que lo codificó. Por ejemplo, seguramente le sería más fácil recordar los nombres de sus compañeros de pri­mero y segundo curso si pudiera caminar por los co­rredores de su escuela primaria. De igual manera, la habilidad para recordar un momento emocional con un amigo (por ejemplo, una discusión en un restau­rante) sería mayor si estuviera en el lugar donde ocu­rrió. Esto puede explicar por qué a veces las personas se sienten abrumadas por innumerables recuerdos cuando visitan el lugar donde vivieron alguna vez. El contexto en el que se codifican los hechos es una de las pistas de recuperación más poderosas.

d) Factores emocionales en el olvido

Hasta el momento, se ha considerado la memoria como si estuviera completamente separada de la emo­ción. ¿Pero no es cierto que, en ocasiones, se recuerda o se olvida cierto material debido a su contenido emo­cional? Se han llevado a cabo múltiples investigacio­nes sobre este tema. Los resultados indican que la emoción puede influir sobre la memoria a largo plazo de formas distintas, por ejemplo la repetición, la interferencia en la recuperación por ansiedad, efectos del contexto y la represión.

REPETICIÓN

La idea más sencilla es que se tiende a pensar más en situaciones cargadas emocionalmente, tanto positivas como negativas, que en situaciones neutras. En general, las personas repiten y organizan más los recuerdos excitantes que los insulsos. Por ejemplo, es posible que olvide dónde vio tal o cual pe­lícula, pero si se declara un incendio en el teatro en el que se encuentra, ese incidente dominará sus pensa­mientos durante un tiempo. Repetirá la escena a sus amigos una y otra vez, pensará en ella incesantemen­te, repitiéndola y organizándola. Puesto que la repeti­ción y la organización mejoran la recuperación de la memoria a largo plazo, no es sorprendente que mu­chos investigadores hayan descubierto que la memoria funciona mejor para recuerdos emocionales que para los neutros.

INTERFERENCIAS EN LA RECUPERACIÓN DEBIDO A LA ANSIEDAD

También se da el caso que las emociones negativas dificultan la recuperación. Una experiencia que todos los alumnos tienen en un mo­mento u otro de sus vidas ilustra este proceso. Un es­tudiante tiene un examen. Se encuentra algo nervioso e inseguro. Le cuesta entender la primera pregunta; imposible contestarla. Aparecen los primeros signos de pánico. Aunque la segunda pregunta no es muy di­fícil, la ansiedad que le generó la primera se extiende a ésta también. Cuando mira la tercera, tendrá dificultades aunque se le preguntara algo tan prosaico como su número de teléfono. Ha entrado en pánico.

¿Qué le ha pasado a su memoria? El no poder res­ponder a la primera pregunta produjo ansiedad. La ansiedad suele ir acompañada por pensamientos ne­gativos, como “voy a suspender” o “todos pensarán que soy idiota”. Estos pensamientos llenan la con­ciencia e interfieren con los intentos de recuperar la información relevante para la pregunta, y ésta es la ra­zón por la cual falla la memoria. Desde este punto de vista, la ansiedad no es la causante directa del fallo de memoria. Más bien, origina los pensamientos negati­vos, y éstos ocasionan el fallo de memoria interfirien­do en la recuperación.

REPRESION

Hasta aquí, todas las formas de in­fluencia de la emoción sobre la memoria se han basa­do en principios ya explicados: repetición, interferen­cia y efectos del contexto. Otra perspectiva sobre la memoria y la emoción, la teoría del inconsciente for­mulada por Freud, saca a relucir nuevos principios. Freud postuló que algunas experiencias emocionales vividas en la niñez son tan traumáticas que permitirles acceder a la conciencia varios años después puede ge­nerar una gran ansiedad en el individuo. Estas expe­riencias traumáticas están reprimidas o almacenadas en el inconsciente, y sólo se pueden recuperar cuando algo de la emoción asociada con ellas aparece. La re­presión es el último fallo de recuperación: el acceso a los recuerdos está activamente bloqueado. Esta no­ción de bloqueo activo diferencia cualitativamente a esta hipótesis de la represión de las ideas sobre el ol­vido ilustradas anteriormente.

4. Naturaleza constructiva de la memoria

La me­moria es un proceso constructivo y reconstructivo. El recuerdo de un hecho se aparta sistemáticamente de la realidad objetiva que lo origina, tanto en el momento de formarse (mediante procesos constructivos) como más tarde (mediante recuerdos reconstructivos). Esta diferencia básica conduce a algunos de los aspectos más interesantes y contrarios a la intuición que se tie­nen de la memoria. Lo más seguro es que éstos se ha­llen en la base del extraño y ciertamente catastrófico error de identificación en el que incurrió Jennifer Thompson al señalar al hombre que la había agredido sexualmente.

a) El caso de Jennifer Thompson

En el siguiente apartado, se recoge una historia verídica que ilustra perfectamente la naturaleza recons­tructiva de la memoria.

En diciembre de 1986, Ronald Cotton fue juzgado en Burlington, Carolina del Norte, acusado de agredir sexualmente a una estudian­te universitaria llamada Jennifer Thompson.  La estudiante testificó que durante esa terrible experiencia, que ocurrió en plena noche en su habitación, examinó  con detenimiento la cara de su agresor. En un artículo de opinión en el New York Times, escrito quince años más tarde, ella asegura: «Miré atentamente la línea del pelo, busqué cicatrices, tatuajes que me ayudaran a identificarlo». Basándose en lo que ella suponía era un recuerdo fehaciente del aspecto de su agresor, identificó sin lugar a dudas a Cotton como el hombre que la había agredido. La identificación de Thompson hizo que, a pesar de que Cotton contara con una sólida coartada para aquella noche,  fuera condenado y sentenciado por el Tribunal Superior del Condado de Ala­mance a cadena perpetua.

A primera vista, parece obvio que el jurado hizo bien en condenarlo. Con coartada o no, la identificación de la Srta. Thompson era muy convincente.  Describió el intenso recuerdo que ha­bía creado de su agresor, reconoció al acusado en una serie de fotos de la policía, volvió a señalarlo en una rueda de reconocimiento, y su declaración en el juicio no dejó lugar a dudas de que estaba segura de haber escogido al hom­bre correcto.

Con los años, Ronald Cotton apeló su sentencia desde la celda, mante­niendo en todo momento su inocen­cia. Finalmente, se descubrió que otro preso, Bobby Poole, se había estado vanagloriando de haber sido él el autor del delito que había recaído en Cotton. Como precaución, Jennifer Thompson vio a Poole y se le preguntó si podía ser él, y no Cotton, el hombre que la había agredido sexualmente. Thompson se mantuvo firme y repitió con seguridad que nunca había visto a este hombre [Poole] en su vida y que no sabía quién era.

Pero Jennifer Thompson se había equivocado, tanto en su identificación de Ronald Cotton como en el rechazo de Bobby Poole. Tras once años en pri­sión, Cotton fue exonerado del crimen gracias a la prueba de ADN. Más aún, la misma técnica confirmó que Bobby Poole era el agresor. Thompson, con­vencida finalmente de su falso recuerdo y profundamente impresionada, se con­virtió en una empedernida defensora de aumentar las precauciones al máximo antes de condenar a una persona ba­sándose únicamente en los recuerdos.

¿Por qué Thompson identificó erróneamente a Ronald Cotton y no reconoció al verdadero violador? Aunque estas preguntas sigan sin una respuesta certera, se puede, a partir de lo que se sabe actualmente de la memoria reconstructiva, adelantar algunas hipótesis lógicas.

Para comenzar, las circunstancias que rodearon al hecho original (la agresión sexual) no eran en absoluto óp­timas para que la Srta. Thompson pudiera memorizar el aspecto del agresor. Estaba oscuro, la estudiante estaba aterrorizada y lo más seguro es que centrara su atención en lo más importante en ese momento: evitar ser agredida y/o escapar, y no en el aspecto de su agre­sor. Así, es muy posible que su recuerdo original fue­ra muy pobre.

¿Entonces por qué Jennifer identificó a Cotton en primer lugar? Ésta es una cuestión fundamental. Sin embargo, teniendo en cuenta otras pruebas, la policía creía que él era el culpable y puede que así se lo haya comunicado a Jennifer durante la primera identifica­ción, mientras miraba las fotos. Una vez lo hubo iden­tificado de esta forma, lo volvió a identificar en la rue­da de reconocimiento, una rueda, claro está, que incluía a Cotton (cuya foto ya había visto) junto con otros cinco individuos totalmente desconocidos para ella. Por lo tanto, no es raro que lo escogiera de entre el grupo. Lo importante es que la foto de Cotton de la identificación original y el propio Cotton, a quien identificó en la rueda, proporcionaron una fértil fuen­te de información post-acontecimiento, una informa­ción que permitió a Jennifer reconstruir su recuerdo del hecho, de manera que su borroso recuerdo origi­nal se convirtió en un recuerdo claro de Cotton.

Esta reconstrucción tuvo tres consecuencias im­portantes. En primer lugar, constituyó la base para que en el juicio la Srta. Thompson identificara con to­tal seguridad a Cotton, siendo ésta la prueba funda­mental para su condena. En segundo lugar, le impidió reconocer a Bobby Poole como el verdadero agresor. Y por último, sirvió de base para que Jennifer creyera que había estudiado bien al sujeto. Fíjese en cómo des­cribe el proceso: «Miré atentamente la línea del pelo, busqué cicatrices, tatuajes que me ayudaran a identi­ficarlo». ¿Pero es eso verdad? Si así fuera, ¿por qué re­conoció al hombre equivocado? Lo más probable es que después de construir un excelente recuerdo de Ronald Cotton tras haberlo visto en los procesos de identificación, fabricara un recuerdo complementario del hecho en el cual se fue formando la imagen del agresor.

¿Cómo se crean dichos recuerdos? La respuesta es que surgen de una combinación de procesos construc­tivos, que pueden dividirse en aquellos que tienen lu­gar en el momento de la codificación original del he­cho y en los que ocurren una vez formado dicho recuerdo.

La memoria sería como un archivo (ya sea de car­tón o informático) que tuviera los componentes de al­guna tarea compleja en la que un individuo estuviera trabajando, como por ejemplo, el material para una no­vela, que incluiría las notas, los capítulos que se están escribiendo y las fotografías. Cada vez que abrimos este archivo, los contenidos cambian, de alguna manera, a medida que el trabajo progresa. Lo mismo ocurre con el recuerdo de los acontecimientos. Cada vez que se vuel­ve a algún recuerdo almacenado en la mente, su recuer­do cambia. Es posible que como ocurre durante la for­mación del recuerdo, se generan inferencias, que se almacenarán como parte de ese recuerdo. Seguramente, se descarte información que no tenga sentido a la luz de otros hechos conocidos o aprendidos. Puede añadirse información sugerida por otras personas. Todos estos procesos entran dentro de la categoría de reconstruc­ción del recuerdo posterior al suceso.

b) Papel de los esquemas y los estereotipos

Las inferencias también pueden generarse a partir de esquemas, representaciones mentales de un tipo de personas, objetos, hechos o situaciones. Los estereoti­pos, que se estudiarán a continuación, son un tipo de esquema puesto que representan tipos de personas (por ejemplo, minorías étnicas, grupos de inmigrantes, individuos de determinadas regiones del país, grupos profesionales, alumnos de una determinada clase, etc.).

Los esquemas también se utilizan para describir nuestro conocimiento sobre cómo actuar en determinadas circunstancias. Por ejemplo, la mayoría de los adultos posee un esquema para comer en un restaurante (entrar en el local, buscar una mesa, leer el menú, pedir la comida, etc.). Percibir y pensar en términos de esquemas per­mite al ser humano procesar grandes cantidades de información de forma rápida y económica. En lugar de percibir y recordar todos los detalles de cada per­sona, objeto o suceso, se tiene en cuenta que se trata de un esquema ya almacenado en la memoria, y lo único que se codifica y se recuerda son las caracterís­ticas distintivas. El precio que se paga por esta “eco­nomía cognitiva” es que el objeto o suceso puede verse distorsionado si el esquema utilizado para codi­ficarlo no encaja perfectamente.

Bartlett (1932) fue tal vez el primer psicólogo en estudiar sistemáticamente los efectos de los esquemas sobre la memoria. Sugirió que las distorsiones de me­moria como las que ocurren cuando se intenta incluir a las personas en estereotipos se dan también cuando se intenta adaptar historias a los esquemas estableci­dos. La investigación ha confirmado los supuestos de Bartlett. Por ejemplo, al leer una historia breve sobre un personaje que va a un restaurante, las personas suelen recordar frases que describen al personaje comiendo y pagando, aunque esas acciones nunca se mencionen en la historia.

Cuando se da información sobre una persona, se suele presentar un estereotipo (por ejemplo, «es el americano típico») y se combina la información que se da con la incluida en los estereotipos. Es así, como el recuerdo de una persona está en parte construido a partir del estereotipo. En la medida en que el estereotipo no se adapte a la persona, el recuerdo estará seria­mente distorsionado.

c) Memoria constructiva e identidad

El recuerdo de la historia personal de un individuo es la base en la construcción de su identidad personal. La vida pasada de las personas es recordada como una narración en la que el sujeto es su protagonista. No siempre esta narración es fiel a los hechos sucedidos o, también podríamos decir que esa fidelidad siempre está mediada por la perspectiva dada por las circunstancias del presente desde el cual se recupera el pasado. Suele pasar que una imagen o un paisaje de nuestra infancia al ser revisitado mediante una fotografía o un viaje a escenarios de nuestra vida pasada, nos cuesta reconocerlos o se nos presentan de manera muy diferente a como los recordamos.

Aunque de manera menos frecuente, también se da el proceso inverso: al acceder a información de nuestro pasado que desconocíamos, sobre todo si esta información es realmente significativa, la idea que tenemos de nosotros mismos ­–diríamos nuestra identidad– puede verse modificada. De esta forma, no sólo desde el presente se construye y modifica el pasado, sino que también cuando enriquecemos o modificamos el recuerdo del pasado de alguna forma estamos transformando nuestra situación actual.

Un ejemplo dramático de cómo la memoria puede intervenir en la construcción de la identidad es el caso de los niños que, durante la dictadura militar argentina, nacieron durante la cautividad de sus padres, y luego de ser estos asesinados, los entregaron en custodia a personas que ocultaron su verdadero origen. Luego de muchos años algunos de estos niños, ahora personas adultas, se enteraron de la verdadera historia sobre su pasado y el de sus padres biológicos, lo que produjo profundas transformaciones en su situación vital.

La recuperación del pasado suele tener también efectos restauradores o terapéuticos. Puede ocurrir que determinados recuerdos o, precisamente la ausencia de estos, resulte disfuncional en nuestras relaciones con otras personas. El poder volver a “narrar” nuestra historia desde nuevas perspectivas permiten modificar la relación que tenemos con los demás y con nosotros mismos, encontrando nuevos equilibrios o situaciones más armoniosas.


[1] La mayor parte de la información contenida en este tema fue extraída y adaptada de: AAVV, Introducción a la Psicología,  Thomson Editores, Madrid (2003) Capítulo 8.

[2] Hellen Keller fue una niña ciega, sorda y muda de nacimiento que, mediante el sentido del tacto exclusivamente, llegó a desarrollar sus facultades cognitivas y de comunicación, hasta el  punto de realizar de mayor una carrera universitaria. Esta experiencia educativa fue llevada a cabo por una maestra especializada en educación de niños ciegos llamada Anna Sullivan. Basada en sus memorias se realizó una notable película llamada “El milagro de Anna Sullivan”

[3] Recursos o reglas que facilitan la memorización de algún contenido.

Versión para imprimir

Anuncios