14. El Conductismo

Cuando estudiamos el nacimiento y la evolución histórica de la Psicología como ciencia moderna, vimos que una de las corrientes destacadas fue el llamado behaviorismo o conductismo, que tuvo como antecedente a los estudios realizados por el fisiólogo ruso Pavlov (1849-1939) sobre el condicionamiento de la conducta en animales (reflejos condicionados). A partir de estos experimentos, el psicólogo J.B. Watson (1878-1958) fundó una concepción del estudio del comportamiento humano basado únicamente en sus aspectos observables, es decir, en la conducta. Ahora profundizaremos lo comentado entonces deteniéndonos primero en la figura más destacada del enfoque conductista de la personalidad, el psicólogo americano B.F.Skinner (1904-1990), y exponiendo después una evaluación general de esta corriente.

1. Skinner y el “condicionamiento operante” [1]

Burrhus Frederic Skinner nació el 20 de marzo de 1904 en la pequeña ciudad de Susquehanna en Pensilvania (EEUU) Estudió en la Universidad de Harvard, donde se doctoró y fue profesor durante prácticamente el resto de su vida. Era un hombre muy activo, investigando constantemente y guiando a cientos de candidatos doctorales, así como escribiendo muchos libros. Aunque no era un escritor de ficción y poesía exitoso, llegó a ser uno de los mejores escritores de América sobre psicología, incluyendo el libro Walden II, un compendio de ficción sobre una comunidad dirigido por sus principios conductistas.

La teoría de Skinner está basada al completo en el “condicionamiento operante”. El organismo está en proceso de “operar” sobre el ambiente, lo que en términos cotidianos significa que está irrumpiendo constantemente, haciendo lo que hace. Durante esta “operatividad”, el organismo se encuentra con un determinado tipo de estímulos, llamado estímulo reforzador, o simplemente reforzador. Este especial estímulo tiene el efecto de fortalecer el comportamiento operante. En esto consiste el condicionamiento operante: el comportamiento es seguido de una consecuencia, y la naturaleza de la consecuencia modifica la tendencia del organismo a repetir el comportamiento en el futuro.

Imagínese a una rata en una caja. Esta es una caja especial (llamada, de hecho, “la caja de Skinner”) que tiene un pedal o barra en una pared que cuando se presiona, pone en marcha un mecanismo que libera una bolita de comida. La rata corre alrededor de la caja, haciendo lo que las ratas hacen, cuando “sin querer” pisa la barra y ¡de pronto!, la bolita de comida cae en la caja. Lo operante es el comportamiento inmediatamente precedente al reforzador (la bolita de comida). Prácticamente de inmediato, la rata se retira del pedal con sus bolitas de comida a una esquina de la caja. Un comportamiento seguido de un estímulo reforzador provoca una probabilidad incrementada de ese comportamiento en el futuro.

¿Qué ocurre si no le volvemos a dar más bolitas a la rata?  Aparentemente no es tonta y después de varios intentos infructuosos, se abstendrá de pisar el pedal. A esto se le llama extinción del condicionamiento operante. Un comportamiento que ya no esté seguido de un estímulo reforzador provoca una probabilidad decreciente de que ese comportamiento no vuelva a ocurrir en el futuro.

Ahora, si volvemos a poner en marcha la máquina de manera que el presionar la barra, la rata consiga el alimento de nuevo, el comportamiento de pisar el pedal surgirá de nuevo, mucho más rápidamente que al principio del experimento, cuando la rata tuvo que aprender el mismo por primera vez. Esto es porque la vuelta del reforzador toma lugar en un contexto histórico, retroactivándose hasta la primera vez que la rata fue reforzada al pisar el pedal.

2. Modelado

Una cuestión a la que Skinner tuvo que dar respuesta fue la manera en que llegamos a fuentes más complejas de comportamientos. Respondió a esto con la idea del modelado, o “el método de aproximaciones sucesivas”. Básicamente, consiste en reforzar, en primer lugar, un comportamiento solo vagamente similar al deseado. Una vez que está consolidado, buscamos otras variaciones que aparecen como muy cercanas a lo que queremos y así sucesivamente hasta lograr que el animal muestre un comportamiento que nunca se habría dado en la vida ordinaria. Skinner y sus estudiantes han tenido bastante éxito en enseñar a animales a hacer algunas cosas extraordinarias.

Una vez utilicé el modelado en una de mis hijas. Tenía tres o cuatro años y tenía miedo de tirarse por un tobogán en particular. De manera que la cargué, la puse en el extremo inferior del tobogán y le pregunté si podía saltar al suelo. Por supuesto lo hizo y me mostré muy orgulloso. Luego la cargué de nuevo y la situé un pie más arriba; le pregunté si estaba bien y le dije que se impulsara y se dejara caer y luego saltara. Hasta aquí todo bien. Repetí este acto una y otra vez, cada vez más alto en el tobogán, no sin cierto miedo cuando me apartaba de ella. Eventualmente, pudo tirarse desde la parte más alta y saltar al final. Desdichadamente, todavía no podía subir por las escaleritas hasta arriba, de manera que fui un padre muy ocupado durante un tiempo.

Este es el mismo método que se utiliza en la terapia llamada desensibilización sistemática, inventada por otro conductista llamado Joseph Wolpe. Una persona con una fobia [2] (por ejemplo a las arañas) se le pedirá que se sitúe en diez escenarios con arañas y grados de pánico diferentes. El primero será un escenario muy suave (como ver a una araña pequeña a lo lejos a través de una ventana). El segundo será un poquito más amenazador y así sucesivamente hasta que el número diez presentará algo extremadamente terrorífico (por ejemplo, ¡una tarántula corriéndote por la cara mientras conduces tu coche a doscientos  kilómetros por hora! El terapeuta luego le enseñará cómo relajar sus músculos, lo cual es incompatible con la ansiedad). Después de practicar esto por unos pocos días, vuelves al terapeuta y ambos viajan a través de los escenarios uno a uno, asegurándose de que estás relajado, volviendo atrás si es necesario, hasta que finalmente puedas imaginar la tarántula sin sentir tensión.

Más allá de estos sencillos ejemplos, el modelado también se ocupa de comportamientos más complejos. Por ejemplo, uno no se vuelve un cirujano cerebral por solo adentrarse en un quirófano, cortar la cabeza de alguien, extirpar exitosamente un tumor y ser remunerado con una buena cantidad de dinero. Más bien, estás moldeado sensiblemente por tu ambiente para disfrutar ciertas cosas; ir bien en la escuela; tomar algunas clases de biología; quizás ver alguna película de médicos; hacer una visita al hospital; entrar en la escuela de medicina; ser animado por alguien para que escojas la neurocirugía como especialidad y demás.

3. Estímulo aversivo

Un estímulo aversivo es lo opuesto al estímulo reforzador, algo que experimentamos como displacentero o doloroso. Un comportamiento seguido de un estímulo adverso resulta en una probabilidad decreciente de la ocurrencia de ese comportamiento en el futuro.

Esta definición describe además del estímulo adverso, una forma de condicionamiento conocida como castigo. Si le pegamos a la rata por hacer x, hará menos veces x. Si le doy un cachete a José por tirar sus juguetes, los tirará cada vez menos (quizás).

Por otro lado, si removemos un estímulo adverso establecido antes de que la rata o José realicen un determinado comportamiento, estamos haciendo un refuerzo negativo. Si cortamos la electricidad mientras la rata se mantiene en pie sobre sus patas traseras, durará más tiempo de pie. Podríamos decir que “sienta tan bien” cuando el estímulo adverso cesa, que ¡esto sirve como refuerzo! Un comportamiento seguido del cese del estímulo adverso resulta en una probabilidad incrementada de que ese comportamiento ocurra en el futuro.

Nótese lo difícil que puede llegar a ser diferenciar algunas formas de refuerzos negativos de los positivos. Si te hago pasar hambre y te doy comida cuando haces lo que yo quiero, ¿es esta actuación positiva; es decir un refuerzo?; ¿o es la detención de lo negativo, es decir del estímulo adverso de sentir hambre?

Skinner (contrariamente a algunos estereotipos que han surgido en torno a los conductistas) no “aprueba” el uso del estímulo adverso; no por una cuestión ética, sino porque ¡no funciona bien! ¿Recuerdan cuando antes dije que José quizás dejaría de tirar los juguetes?  Es porque aquello que ha mantenido los malos comportamientos no ha sido definitivamente removido. Este refuerzo escondido ha sido solamente “cubierto” por un estímulo adverso conflictivo. Por tanto, seguramente, el niño se  comportaríamos bien; pero aún tendría ganas de tirar los juguetes. Lo único que tiene que hacer José es esperar a que estés fuera de la habitación o buscar alguna forma de echarle la culpa a su hermano, o de alguna manera escapar a las consecuencias, y de vuelta a su comportamiento anterior. De hecho, dado que ahora José solo disfruta de su comportamiento anterior en contadas ocasiones, se involucra en un esquema (programa) variable de refuerzo y será ¡aún más resistente a extinguir dicho comportamiento!

4. Modificación de conducta

La modificación de conducta (usualmente conocida en inglés como mod-b) es la técnica terapéutica basada en el trabajo de Skinner. Es muy directa: extinguir un comportamiento indeseable (a partir de remover el refuerzo) y sustituirlo por un comportamiento deseable (vinculado a otro tipo de refuerzo). Ha sido utilizada en toda clase de problemas psicológicos (adicciones, neurosis, timidez, autismo e incluso esquizofrenia) y es particularmente útil en niños. Hay ejemplos de psicóticos crónicos que no se han comunicado con otros durante años y han sido condicionados a comportarse de manera bastante normal, como comer con tenedor y cuchillo, vestirse por sí mismos, responsabilizarse de su propia higiene personal y demás.

Hay una variante de mod-b llamada economía simbólica, la cual es utilizada con gran frecuencia en instituciones como hospitales psiquiátricos, hogares juveniles y prisiones. En éstas se hacen explícitas ciertas reglas que hay que respetar; si lo son, los sujetos son premiados con fichas o monedas especiales que son cambiables por tardes libres fuera de la institución, películas, caramelos, cigarrillos y demás. Si el comportamiento empobrece, se retiran estas fichas. Esta técnica ha demostrado ser especialmente útil para mantener el orden en estas difíciles instituciones.

Un inconveniente de la economía simbólica es el siguiente: cuando un “interno” de alguna de estas instituciones abandona el centro, vuelven a un entorno que refuerza el comportamiento que inicialmente le llevó a entrar en el mismo. La familia del psicótico suele ser bastante disfuncional. El delincuente juvenil vuelve directamente a la “boca del lobo”. Nadie les da fichas por comportarse bien. Los únicos refuerzos podrían estar dirigidos a mantener la atención sobre los “acting-out” o alguna gloria de la pandilla al robar en un supermercado. En otras palabras, ¡el ambiente no encaja muy bien!

5. Walden II

Skinner empezó su carrera como filólogo inglés, escribiendo poemas y relatos cortos. Por supuesto, también ha escrito numerosos artículos y libros sobre conductismo. Pero quizás sea más recordado en general por su libro Walden II, donde describe una comuna casi utópica operando bajo sus principios.

Algunas personas, especialmente los derechistas religiosos, atacan al libro diciendo que sus ideas alejan nuestra libertad y nuestra dignidad como seres humanos. Skinner respondió a la ola de críticas con otro libro (uno de sus mejores) llamado Beyond Freedom and Dignity (Más Allá de la Libertad y la Dignidad). Aquí pregunta: ¿Qué queremos decir cuando decimos que queremos ser libres? Con frecuencia queremos decir que no queremos estar en una sociedad que nos castigue por hacer lo que queremos hacer. Bien –los estímulos adversos no funcionan muy bien, por tanto, ¡tirémoslos!–, entonces solo usaremos refuerzos para “controlar” la sociedad. Y si escogemos los refuerzos correctos, nos sentiremos libres, ya que ¡haremos lo que creamos que debemos hacer!

Lo mismo para la dignidad. Cuando decimos “murió con dignidad”, ¿qué queremos decir? Que mantuvo sus “buenos comportamientos” sin aparentes motivos ulteriores. De hecho, mantuvo su dignidad dado que su historial de refuerzos le condujo a considerar el comportarse de esa manera “digna” como algo más reforzador que montar una escena.

El malo hace lo malo porque lo malo es compensado. El bueno hace lo bueno porque su bondad es recompensada. No existe una verdadera libertad o dignidad. Actualmente, nuestros refuerzos para los comportamientos malos y buenos son caóticos y están fuera de nuestro control; es una cuestión de tener mala o buena suerte en nuestra “elección” de padres, profesores, parejas y otras influencias. Mejor tomemos control, como sociedad, y diseñemos nuestra cultura de tal forma que lo bueno sea recompensado y lo malo se extinga. Con la correcta tecnología conductual, podemos diseñar la cultura.

Tanto la libertad como la dignidad son ejemplos de lo que Skinner llama constructos mentalistas (inobservables y por tanto inútiles para la psicología científica). Otros ejemplos lo constituyen los mecanismos de defensa, las estrategias adaptativas, la auto-actualización, el inconsciente, la conciencia e incluso cosas como la rabia y la sed. El ejemplo más importante es aquello a lo que llama homúnculo (latín para “pequeño hombre”) que supuestamente reside en todos nosotros y es usado para explicar nuestro comportamiento e ideas como alma, mente, yo, juicio, self y, por supuesto, personalidad.  En vez de lo anterior, Skinner recomienda que los psicólogos se concentren en lo observable; esto es el medio ambiente y nuestro comportamiento en él.

6. Consideraciones generales

Como se ha dicho[3], la psicología de la personalidad pre­tende especificar tanto las variables en las que difieren los individuos entre sí, como los procesos generales para el funcionamiento de la personalidad. Las teorías de rasgo y tipos se centran en la primera tarea, deta­llando las diferencias de personalidad pero sin aportar prácticamente nada sobre el funcionamiento de la per­sonalidad. La teoría psicoanalítica de Freud pretende hacer am­bas cosas. Por el contrario, el enfoque conductista se centra principalmente en los procesos, sin dedicar ape­nas atención a las diferencias individuales. Puesto que, desde este enfoque, la personalidad es exclusivamente producto de la historia de reforzamientos de cada individuo. Los conductistas no han pretendido establecer ti­pologías de individuos ni puntuarlos a partir de rasgos.

Por otra parte, al igual que en la perspectiva psicoanalítica, el enfo­que conductista de la personalidad es determinista. No obstante, al contrario que aquélla, presta poca atención a los determinantes biológicos de la conducta y se centra en los determinantes ambientales. La gente no es buena o mala de por sí misma, sino que cambia fácilmente en función de los sucesos y situaciones que ocurren en su entorno. John Watson, padre del conductismo, sostenía que podía criar a un niño para que se convirtiera en cualquier cosa, independiente­mente de sus «talentos, inclinaciones, tendencias, ap­titudes, vocaciones y raza de sus antepasados». Aun­que pocos conductistas adoptarían una postura tan extrema en la actualidad, lo cierto es que son muy op­timistas sobre la capacidad de cambiar la conducta humana modificando el entorno.

La personalidad humana puede ser muy modifica­ble según los conductistas, pero no deja de ser pasiva. La persona sigue siendo modelada principalmente por fuerzas que escapan a su control. Esta perspec­tiva se verá modificada, como veremos en el apartado siguiente, cuando el enfoque del aprendizaje social, también llamado cognitivo, sustituyó a la teoría conduc­tista tradicional, dando mayor importancia al papel activo del individuo en la selección y modificación de su entorno, permitiendo por tanto a la persona con­vertirse en una fuerza causal de su propia vida. Sin embargo, para los teóricos humanistas, corriente que veremos a continuación, este papel no es lo bastante activo y, concretamente, no creen que sea suficiente describir la salud psicológica simplemente como una adaptación óptima al entorno.


 

[1] Dr. C. George Boeree: B.F.Skinner 1904-1990, traducción al castellano del Dr. Rafael Gautier, en  http://webspace.ship.edu/cgboer/skinneresp.html

[2] Fobia deriva de Fobos (en griego antiguo Φόϐος, ‘pánico’), personificación del miedo en la mitología griega, hijo de Ares y Afrodita. Se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas como, por ejemplo, a los insectos (entomofobia) o a los lugares cerrados (claustrofobia). También se suele catalogar como fobia un sentimiento de odio o rechazo hacia algo, por ejemplo, la xenofobia.

[3] AAVV : Atkinson & Hilgard’s, Introducción a la Psicología, 14ª edición, Ed. Thomson, Madrid, 2003. p 433

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