10. La motivación

1. Motivación: definición y variables motivacionales

El concepto de motivación hace referencia a tres cuestiones básicas que se podrían proponer ante un comportamiento humano determinado: ¿Cuáles son las razones o motivos? (por qué lo hacemos) ¿Cuál es el comportamiento elegido? (qué es lo que hacemos) y ¿Cuál es la meta que se quiere conseguir? (para qué lo hacemos). Teniendo en cuenta estos tres aspectos es posible definir a la Piscología de la motivación como el estudio de las variables personales (internas) y situacionales (externas) que determinan y regulan la elección de conductas, el inicio de éstas, y el esfuerzo y la persistencia en su ejecución hasta que se alcanzan las metas que uno se ha propuesto.

La motivación depende de diferentes factores que llamaremos variables motivacionales. Algunas están relacionadas con necesidades de nuestro organismo, es decir, son variables motivacionales fisiológicas, como los impulsos o la activación del sistema nervioso; otras tienen que ver con la información sobre  nuestros propios deseos y las posibilidades de satisfacerlos. Éstas últimas son las variables motivacionales cognitivas, entre las que se pueden señalar las expectativas y las metas u objetivos.

a) Los impulsos y la activación

Los impulsos son estados internos del organismo, que se experimentan subjetivamente como algo desagradable, o también como una necesidad que es necesario compensar, y que activa o energiza aquellos comportamientos que tienden a suprimirlos o satisfacerlos. El hambre, la sed, la excitación sexual, son ejemplos clásicos de impulsos.

El concepto de activación (arousal), está muy vinculado al de impulso, y hace referencia a la intensidad de la actividad bioeléctrica global del sistema nervioso. Un ejemplo de “activación”: La Nuria se ha levantado muy temprano para acabar de preparar el examen de inglés. Al principio estaba algo somnolienta (baja activación). Se toma su dosis habitual de café, y al cabo de unos minutos se siente totalmente desvelada (activación adecuada) y rinde al máximo. Probablemente, si se hubiera tomado de golpe cuatro cafés se sentiría inquieta e incapaz de concentrarse (activación extrema) y rendiría poco.

Tanto la presencia de un impulso (necesidad orgánica de satisfacer una necesidad) como el grado de activación de nuestro sistema nervioso, son factores o variables que pueden favorecer “la elección de determinadas conductas, iniciarlas y mantener su ejecución hasta conseguir metas propuestas”. En otras palabras, son variables fisiológicas de la “motivación”.

b) Expectativas de eficacia y de resultados

A diferencia de los impulsos y de la activación, las expectativas son variables no fisiológicas sino cognitivas (dependen de la información y de lo que pensemos sobre nuestras acciones, la capacidad que creamos tener para realizarlas y lo que esperemos obtener)

Las expectativas se pueden definir como anticipaciones cognitivas de nuestras capacidades para hacer algo, o bien, anticipaciones del resultado que puede obtenerse como efecto de nuestras acciones. A las primeras se les denomina expectativas de eficacia o también auto-eficacia, a las segundas expectativas de resultados.

Un ejemplo: Una persona que fumaba dos paquetes de cigarrillos diarios ha conseguido dejar el tabaco después de participar en un programa de deshabituación. La medida en que se ve a él mismo como capaz de mantenerse sin fumar en diferentes situaciones de riesgo constituyen su auto-eficacia; las consecuencias anticipadas positivas o negativas de mantenerse sin fumar constituyen sus expectativas de resultado.

Se dice que las expectativas tanto de eficacia como de resultados son variables de la motivación porque cuanto mayor sean estas expectativas tendremos una mayor activación de nuestro organismo para iniciar una acción y más capaces seremos de mantener su ejecución hasta conseguir las metas propuestas.

La combinación en diferentes grados de estos dos tipos de expectativas puede tener diferentes efectos motivacionales y emocionales. Veamos el siguiente cuadro:

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c) Las metas

Se define como meta al nivel de rendimiento o al tipo de consecuencia que una persona se propone alcanzar en la realización de una determinada conducta. A las metas también se les suele llamar objetivos o intenciones.

De esta definición se desprende que las metas se pueden referir a la conducta (un determinado nivel de realización) o los resultados (unas determinadas consecuencias).

Una gran cantidad de estudios empíricos han mostrado que la definición de metas u objetivos movilizan los esfuerzos y la persistencia, es decir, aumentan la motivación y contribuyen a mejorar el rendimiento. Pero no todas las metas producen estos efectos motivacionales. Para que contribuyan a mejorar el rendimiento, las metas tienen que ser específicas, difíciles (pero asequibles) y próximas en el tiempo.

La ESPECIFICIDAD se refiere al grado de concreción con que se definen las metas. Una meta es específica cuando se define con precisión, de manera que es fácil saber si se ha cumplido o no (es fácilmente evaluable). Este tipo de definición requiere concretar en términos conductuales la tarea que se tiene que hacer y establecer unos plazos temporales para ésta. Para una persona obesa que sigue una dieta para perder peso, adelgazar un kilo a la semana es una meta específica; en cambio, adelgazar un poco es una meta ambigua.

La DIFICULTAD de una meta para un sujeto particular no depende sólo de las características intrínsecas de esta, sino también de las habilidades (competencias) del sujeto en particular y, por tanto, no se puede definir prescindiendo de éstas. Teniendo en cuenta esta afirmación, se puede decir que las metas más motivadoras son aquellas que representan un reto para el sujeto: son difíciles, pero éste las percibe como asequibles. Adelgazar un kilo cada semana puede ser una meta difícil pero asequible; adelgazar diez quilos en una semana prácticamente imposible, y lo más probable es que produzca frustración y desánimo.

La PROXIMIDAD en el tiempo de la meta ejerce una influencia más grande sobre la conducta que las metas a medio y largo plazo. Teniendo en cuenta que muchas de las metas que nos planteamos en la vida cotidiana son metas muy difíciles a medio y largo plazo (metas distales), una estrategia adecuada para conseguirlas puede consistir en planificar la actividad desglosándolas en sub-metas (proximales) que cumplan las características señaladas con anterioridad: específicas, próximas en el tiempo y que representen un reto alcanzable por el sujeto.

Además de estas tres características señaladas, para conseguir la máxima motivación y el consecuente rendimiento se requiere, además, otras dos condiciones importantes: que el sujeto tenga retroalimentación (feedback) de su rendimiento y que tenga un alto grado de compromiso con las metas.

El compromiso se puede definir como el grado en el cual las metas se asumen como propias. Por esto, generalmente, las metas espontáneas comportan un grado más alto de compromiso que las metas inducidas externamente. El compromiso con estas últimas será mayor si se negocian que si se imponen, y si hay algún tipo de acuerdo/contrato explícito para cumplirlas.


2. De los motivos primarios a los motivos sociales

a) Clasificación de motivos

Las diferencias que hay entre el comportamiento de los humanos y del resto de los animales sugieren la existencia de diferencias en cuanto a los motivos o necesidades que inciden en la conducta. Algunos motivos estarían compartidos por todas las especies animales incluida la humana, como por ejemplo, los fisiológicos como el hambre, la sed o el deseo sexual, pero las estrategias utilizadas para satisfacerlos podrían ser muy diferentes. Por otra parte, el ser humano puede necesitar o desear “cosas” no vinculadas con la satisfacción de necesidades fisiológicas como por ejemplo, anhelar un reloj de una marca determinada o ser candidato en unas elecciones y desear ganarlas.

Los motivos suelen clasificarse en dos grandes categorías: motivos primarios y motivos secundarios. Los motivos primarios son innatos o no aprendidos. Son, por lo tanto, biológicos, están determinados genéticamente y entran en funcionamiento desde el nacimiento. Están relacionados, principalmente, con la subsistencia o supervivencia del individuo y de la especie. A su vez, los motivos primarios pueden estar relacionados con las necesidades biológicas y con los motivos de adaptación ambiental.

Los motivos secundarios son motivos adquiridos o aprendidos y se denominan también motivos sociales. Están determinados por el medio ambiente y por la cultura que impera en este medio, y también la interacción que los sujetos establecen con los miembros del grupo al cual pertenecen. A diferencia de los motivos primarios, los motivos sociales no tienen como objetivo satisfacer una necesidad fisiológica.

Por otra parte, los motivos sociales pueden ejercer una gran influencia y control sobre los motivos primarios. Así, por ejemplo, una persona puede beber o comer por motivos sociales (reunión de amigos) y no porque tenga hambre o sed. Asimismo, puede dejar de comer por un ideal –huelga de hambre– o, por el contrario, cuando tenemos hambre podemos comer un alimento u otro sin tener en cuenta su contenido calórico. En este mismo sentido, la conducta sexual no tiene siempre como objetivo la reproducción ni se limita al período de celo de la hembra, sino más bien se convierte en una de las experiencias más gratificantes del ser humano.

b) Pirámide de Maslow: un ejemplo de clasificación de los motivos.

De todas las clasificaciones que se han hecho sobre los motivos o necesidades, la que ha tenido más popularidad ha sido la clasificación propuesta por Maslow. Es una taxonomía reducida en la cual se propone una ordenación o estructuración jerárquica de los motivos, conocida con el nombre de pirámide motivacional de Maslow (1968)

Maslow es un psicólogo humanista que señala que el ser humano tiene la capacidad inherente de autorrealización que le conduce a desarrollar todas sus potencialidades (realización plena de la persona). Es esta tendencia a la autorrealización y crecimiento personal la que gobierna y organiza todas las demás necesidades. De esta manera, Maslow propuso una jerarquía de motivos o necesidades estructurados en diferentes niveles, donde relaciona motivos primarios y secundarios.

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1) Fisiológicas: necesarias para la supervivencia del individuo y de la especie. Son las primeras que aparecen en el desarrollo ontogenético del individuo. Estas necesidades más básicas tienen una fuerza mayor que las situadas en niveles superiores, ya que si no se satisfacen, el hombre muere.

2) Seguridad: necesarias para garantizar la vida del individuo en su relación con el ambiente. Según Maslow, ciertos productos típicamente humanos como la superstición, la religión o la ciencia estarían motivados, en parte, por esta necesidad.

3) Afiliación: también denominadas de afecto o de pertenencia. Necesidad de pertenecer a grupos sociales y ser estimados (aceptar y ser aceptado por grupos de referencia: pareja, familia, amigos, sociedad)

4) Reconocimiento y autoestima.

5) Autorrealización. Incluye la necesidad de llegar a ser lo que uno pretende, desarrollar las potencialidades propias según un plan establecido previamente o la realización de un proyecto vital.


3. Conflictos motivaciones y frustración

a) Conflictos motivacionales

Por conflicto emocional se entiende, en general, la existencia de dos (o más) respuestas o tendencias de acción de la misma intensidad, pero incompatibles entre sí. La situación conflictiva genera una tensión que se caracteriza por la vacilación, la incerteza, la fatiga, la ausencia temporal de respuesta o el bloqueo.

Ejemplos de conflictos emocionales: María José ha aprobado la selectividad y tiene que decidir qué carrera quiere estudiar; la que le gusta (magisterio) tiene poca salida profesional, y la que sus padres quieren que haga (económicas) es más rentable, pero a ella no le gusta. Juan tiene que decidir si sale esta noche con Ana o con Luisa; las dos chicas le gustan. Luís tiene que elegir entre pasar el fin de semana con sus amigos en la playa o ayudar a sus padres en el negocio familiar, mientras que Antonio, tiene que optar por hacer la limpieza de su casa o, por el contrario, ir al cine a ver una película del su director preferido.

Las situaciones anteriores implican algún tipo de decisión que la persona tiene que tomar. Tiene que escoger necesariamente una de las dos alternativas y no puede quedarse con las dos. El hecho de tener que decidir entre dos opciones genera, en la mayoría de los casos, lo que se denomina conflicto motivacional.

b) La frustración

La frustración se puede definir como el estado emocional que se genera cuando un comportamiento motivado se encuentra bloqueado por algún obstáculo. La persona no puede conseguir o acceder a sus objetivos deseados, lo cual le genera un estado emocional negativo. En otras palabras, cuando no podemos tener lo que queremos porque hay algún impedimento, se experimenta una vivencia emocional desagradable, que va desde la confusión, la tensión o inquietud, hasta el enfado e incluso la agresión, y en última instancia la desorganización de la conducta.


4. La motivación intrínseca

a) Definición. Proceso de flujo.

Se suele definir a la motivación intrínseca como aquel estado subjetivo que promueve y mantiene la realización de una actividad por la actividad misma, sin que medie ninguna finalidad o recompensa externa. Dicho de otro modo, la actividad se convierte en una finalidad o en un motivo en sí misma, y no un medio para otra finalidad diferente.

El profesor e investigador americano Csikzentmihalyi [1] ha estudiado en profundidad las características componentes de la experiencia subjetiva (estados de conciencia) que acompañan a la motivación intrínseca. Ha denominado a este estado de conciencia experiencia de flujo (y también conciencia autotélica o experiencia óptima), y se caracteriza por que el sujeto se muestra de la manera siguiente:

  • Está totalmente concentrado (e implicado) en la realización de la tarea).
  • El altísimo nivel de concentración en la tarea produce a veces pérdida de la conciencia del Yo (la persona está tan concentrada en lo que hace que se olvida de ella misma).
  • Tiene una sensación alta de control sobre la tarea y sus resultados.
  • Tiene una percepción “distorsionada” del paso del tiempo (normalmente parece transcurrir mucho más de prisa).
  • Se siente bien, desde un punto de vista emocional (suele sentirse contenta, satisfecha, activa y confiada).

Cuando una persona se esfuerza y persiste en la ejecución de una tarea sin que haya incentivos extrínsecos, y en el plano subjetivo experimenta con una cierta intensidad los elementos que acabamos de señalar, podemos decir que está motivada intrínsecamente.

La conducta de juego en los humanos –y también en otras especies animales– se puede considerar ejemplo de conducta intrínsecamente motivada. En las personas adultas, las aficiones son lo más próximo a conductas totalmente motivadas de forma intrínseca. La motivación intrínseca también suele ser alta en las actividades profesionales creativas como escribir, pintar, componer, etc. Sin embargo, se ha de tener en cuenta que la motivación intrínseca no es patrimonio exclusivo de estas actividades, sino que prácticamente cualquier tipo de tarea puede llegar a suscitar interés intrínseco.

b) Procedimientos para fomentar la motivación intrínseca

Seguramente lo más interesante de los estudios sobre la motivación intrínseca han sido las aportaciones que la psicología cognitiva (Bandura) ha realizado respecto de la definición de procedimientos que pueden fomentar la motivación intrínseca para la realización de tareas que en principio suscitan poco interés o incluso rechazo por lo costoso o poco atractivo de su ejecución. Resulta evidente la importancia de estos estudios para los campos propios de las especialidades laboral y educativa de la Psicología.

Actualmente se  ha avanzado bastante sobre estos procedimientos, los cuales podemos clasificar en tres grupos:

  • Procedimientos centrados en la presentación y planificación de las tareas. Aquí incluiríamos la participación en la toma de decisiones, la variedad y novedad en el contenido de las tareas (para evitar la rutina y el aburrimiento), y las técnicas de establecimiento de objetivos. Al utilizar estas técnicas se ha de procurar que la dificultad de los objetivos se adecúe a las habilidades del sujeto y que éste participe en la definición de metas, para potenciar su grado de compromiso y su sentido de autodeterminación personal.
  • Procedimientos centrados en la enseñanza de habilidades. Los procedimientos que parece que facilitan al máximo la adquisición de habilidades nuevas y el fortalecimiento de la auto-eficacia son los de modelaje participante en los cuales el sujeto, en primer lugar, observa la habilidad en cuestión y, después, la ejecuta y recibe retroalimentación adecuada para corregir los errores.
  • Procedimientos de aplicación de incentivos extrínsecos. En muchos casos, para motivar el aprendizaje de habilidades nuevas implicadas en la ejecución de una tarea y fomentar el interés intrínseco por ésta, no hay más remedio, en los comienzos, que hacer servir incentivos extrínsecos (premios, reconocimientos verbales, etc.). A medida que el sujeto mejora sus habilidades, se pueden ir retirando de manera progresiva los incentivos extrínsecos, ya que la actuación hábil producirá sus propios incentivos intrínsecos.


[1] Csikszentmihalyi, M. (1996) Fluir (Flow): una psicología de la felicidad, Barcelona: Editorial Kairós.

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